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Operación Rebelión - Didacta54
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Detalles
Autor Halo54 (Reclamador4)
Género Acción
Universo Guerra Pingüina
EL PRÍMER LIBRO DE LA TRÍLOGÍA DE LA GUERRA PINGÜINA

HE ESPERADO MUCHO POR ESTE DÍA, VIEJOS AMIGOS

Club Penguin, donde el sol saca su luz, donde los pingüinos conviven felizmente, donde ocurre una traición seguida de una rebelión.

Varios amigos se reúnen para explorar, pero mientras ellos se divierten, una fuerza temible y oscura busca venganza contra los que lo traicionaron. Algo que amenaza la isla, algo que cambiara el futuro de los amigos, algo que ni los viejos y mejores agentes de la EPF pueden imaginar. Y le queda muy poco tiempo a la isla...muy poco

PRIMERA PARTE: LA OSCURIDAD

1- La reunión en el BosqueEditar

Me abrocho las agujetas, y voy a la mesa por mi caña de pescar. Vuelvo a la puerta y agarro la mochila para acampar, me ajusto la chaqueta de cuero y apago la luz al salir de mi iglú y luego lo cierro con llave. Me voy a despedir de mis puffles antes de subir la pequeña colina hacia el Bosque del este de la isla. Era un día soleado, sin embargo hacía mucho frío y había fuertes vientos que hacían que se me pusieran los pelos de punta. Pero eso no hacía que no nos viéramos en el Bosque, habíamos enfrentado cosas muchos peores en el 2012.

Subo por el camino de variedad de iglús cuando llegó a uno común y corriente al terminar la subida para llegar a la colina. Toco la puerta y gritó:

-¡Hero!

-Al fin llegas –me responde una voz dentro del iglú, y se abre la puerta.

Aparece ante mí un pingüino azul con pelo rubio con un rostro enfadado. Sin embargo, no retrocedo.

-Se suponía que estarías aquí hace quince minutos –me reprocha Hero. Eso hace que me ponga furioso y saqué una nota arrugada el bolsillo de mi pantalón.

-¡Aquí dice a las tres de la tarde!–le suelto, enseñándole la nota que me escribió hace dos días-. Dice que te viniera a recoger a las 3:00 porque querías no llegar tarde esta vez.

Agarra la nota y la lee. Se golpea la cabeza como cada vez que se le olvida algo.

-Lo siento… -se disculpa todo avergonzado-. Creo que confundí el horario, quería que llegaras a las dos cuarenta y cinco pero creo que lo escribí en la nota para Rosa.

-Ya me di cuenta –respondo malhumorado. Siempre pasaba lo mismo, Hero tenía que confundir el horario-. Bueno, mejor vámonos que entonces Rosa ya debe de estar enojada porque pensara que le mentiste.

Seguimos el camino hacia la colina, y cuando llegamos a la parte más alta vemos humo en un claro del Bosque al lado de un río y algo que debe de ser fuego. Supongo que Rosa ya debe de haber encendido una fogata.

Bajamos la colina y llegamos rápidamente al río. Ya estaban ahí una pingüina rosa con un cabello castaño y con una mirada fría, la pingüina era Rosa y al lado de ella estaba un pingüino morado con un pelo blanco como la nieve y una mirada amigable. Wolf estaba recogiendo agua del río cuando Hero y yo llegamos. Ya están montadas dos tiendas y en medio una fogata con una olla colgando en dos palos sobre el fuego.

-¿Dónde estaban? –pregunto Rosa, enfadada-. Dijeron que estarían aquí hace quince minutos.

-Él dijo, yo no –protesto, enfadado también. Rosa comprende lo que digo y no dice nada más, así que me pongo a montar la tienda con Hero. Nadie decía nada.

Cuando terminamos, Alexix llega con Fabito. Al parecer, Fabito le contó un chiste muy divertido a Alexix, porque se estaba muerto de risa. Alexix era un pingüino rojo con un pelo negro y liso, en cambio Fabito era un pingüino celeste con pelo rubio. Rosa los mira con frialdad, y se porque; a ella no le gusta que gritemos o nos riamos muy alto. Al ver que Rosa lo miraba, Alexix deja de reír pero se le escucha reír entre dientes. Sin embargo, había alguien más aquí en el río. Había algo entre los arbustos que estaba corriendo. Me acerque lentamente mientras Wolf sacaba una red de su mochila.

Aparte los arbustos, y vi a una sombra vagamente familiar correr. Y entonces sé de qué se trata.

-¡SERGI! –gritó, molesto. Sergi siempre quería asustarnos en nuestras reuniones, en especial a mí. Arrojo una piedra hacia el arbusto que corrió y oyó gritar un breve: << ¡Aaah! >>

Aparece ante mí un pingüino verde con un pelo castaño como el de Rosa solo que un poco más claro. Tenía un rostro de alguien que se ríe mucho, pero ahora no se nota tanto porque estaba furioso y con un ojo hinchado.

-¿Por qué lo hiciste, Recla? –me pregunta, lanzándome una mirada fulminante.

Realmente me llamó Reclamador4 pero desde que Wolf empezó a decirme Recla normalmente me llaman. Tengo 4 años en la isla de Club Penguin. Trabajo en Noticias de Club Penguin, y a veces ayudo a los guías de turismo, a los bomberos y a la patrulla de rescate.

-Lo mismo te pregunto –replicó, pateando la nieve-. Siempre haces lo mismo y siempre te decimos que ya lo pares.

-Lo hago porque se me da la gana –responde como siempre que le hacemos la misma pregunta-. Yo tengo derecho a hacer bromas si quiero.

-Sí, pero no tienes derecho a molestarnos –protesto, pateando más nieve y acusándolo con mi aleta-. Vas a ver si lo vuelves a hacer.

Wolf se pone entre nosotros pero veo claramente que teme que ahora nos echemos sobre él al estar peleando, como siempre que se interpone cuando estamos peleando por algo. Pero dice:

-Ya basta. Sergi, Recla tiene razón, nos molesta que quieras a asustarnos. Ahora vamos a cenar que ya está oscureciendo –toma la red que soltó en la nieve al ponerse entre nosotros.

Regreso a la tienda a regañadientes, y suelto la mochila porque el dolor y el enojo no se llevan bien que digamos. Wolf vuelve al río para seguir recolectando agua. Realmente no sé porque estoy enojado, pero hay algo siempre que me molesta en nuestras reuniones.

-Ahora solo faltan en llegar Nicolap y Mateo y Jin –comenta Hero. Eso es, me molesta que siempre comencemos después de lo anunciado porque alguien llega tarde.

Sergi, Fabito y Alexix se ponen a armar sus tiendas de campaña cuando llegan de repente Nicolap, Jinkazama y Mateo. Mateo tenía el pelo negro como Alexix y su color de pingüino también era negro. Nicolap era un pingüino azul con pelo café pero ahora no se notaba porque traía su gorra de béisbol azul. Jin también era un pingüino negro pero él prefería no tener pelo ni ropa aunque en esos momentos parece que sí. Todos éramos un grupo de amigos.

-Hola –decimos todos al unísono. El trío suelta sus mochilas y se ponen a armar las tiendas. Cuando terminan, Rosa ya está repartiendo los platos para servir la deliciosa sopa que ella prepara.

Doy un sorbo a la sopa que me sirve, y siento que estoy en un sueño delicioso. Cada semana damos un paseo a una montaña, ir a tomar un café o ir a relajarnos a la playa. Sin embargo, Mateo sugirió que esta vez hiciéramos algo diferente y fuéramos a explorar al Bosque, supongo que Rosa preparó la sopa porque hacía mucho frío.

Wolf, por mientras, nos sirve en vasos el agua que recolecto e hirvió mientras Fabito y Alexix ponían sus tiendas. Esta caliente pero ahora no me importa mucho con el frío de alrededor de nosotros. Cuando llega con Hero, esté se niega porque dice que ya tiene su propia bebida, y saca una botella de refresco de su mochila. Wolf levanta los parpados pero no dice nada, no creo que le de gracia que estuvo toda la tarde recolectando agua e hirviéndola para que luego alguien diga que no la quiere.

Después de comer la sopa, Rosa saca una caja de pizza de una hielera que trajo al campamento. La pizza tenía salsa picante, y veo que Hero se desanima; a él no le gusta la salsa picante porque le pica mucho. Nos va repartiendo la pizza en platos, y veo que Hero nuevamente rechaza la comida. Wolf lo miraba con cara de que se lo merecía, pero seguía sin decir nada.

Comimos la pizza a gusto y platicamos de lo que hicimos esta semana. Ya eran las nueve de la noche cuando sugerí que jugáramos a las escondidas antes de dormir. Fabito se ofrece a contar y se pone en un árbol mientras todos nos dispersamos en diferentes grupos de dos. Wolf estaba detrás de mí.

Llegamos a una colina que no había visto cuando llegamos al campamento y la rodeamos porque si la subíamos nos iban a encontrar más fácil. A lo lejos oigo todavía contar Fabito. Ya nos habíamos alejado dos metros de la colina cuando Fabito termino de contar y anunciaba que ya nos estaba buscando.

Wolf tropezó con una rama y fui rápidamente a ayudarlo a levantarse cuando oí gritar a Fabito al otro lado de la colina que encontró a Rosa y a Alexix. Seguimos corriendo cuando llegamos a un río que suponía que era el mismo del campamento porque de lejos vi una curva que era la misma que estaba en el campamento. Nos alejamos del río y nos dirigimos hacia el norte de la colina. Fabito gritó que encontró a Jin.

-Oye ¿adónde vamos? –me preguntó Wolf, sin aliento.

-No lo sé –respondo, mirando hacia la colina. Todavía no estábamos muy lejos-. Sigamos pero caminando ¿de acuerdo?

-Sí, está bien –afirma Wolf, aliviado como si ya no quisiera correr.

Seguimos adentrándonos en el Bosque con la luna únicamente iluminando nuestros pasos. Calculó que ya debe de haber pasado media hora desde que Jin terminó de contar porque el tiempo se me hacía muy largo y no escuchaba ningún otro grito más. Solo estábamos Wolf y yo, protegiéndonos las espaldas mutuamente de cualquier intento de Fabito de encontrarnos.

Veo hacia la colina y veo que nos hemos alejado demasiado. Supongo que por eso no escuchó ya los gritos de Fabito. Sin embargo, aún no estoy satisfecho y sugiero seguir adelante a pesar de las quejas de Wolf. Caminamos otros quince minutos cuando llegamos a algo que nos llamó la atención.

Varias luces provenían entre los árboles. Wolf fue directo hacia ellas cuando le sujete el brazo para protegerlo del peligro.

-No vayas, estamos en la Cabaña de la Mina y aquí nos pueden encontrar muy fácilmente –le digo arrastrándolo hacia el noroeste-. Vamos, ya casi llegamos al otro lado del Bosque donde estaremos seguros.

Sin embargo, cuando vuelvo la mirada hacia atrás ya no veo la colina que cubre el campamento ¿tan alejados estábamos? Oigo un grito a lo lejos pronunciando algo que no logré escuchar. Seguimos hacia el noroeste cuando Wolf dice que ya no quiere seguir y que mejor ya buscáramos una cueva donde dormir para regresar en la mañana y decirles a los demás que ganamos el juego. Acepto con gusto su idea, yo también ya estaba cansado. Llegamos a un río y vimos una cueva entre los árboles. Wolf fue por ramas y piedras para armar una fogata mientras yo iba a recolectar agua con un termo que me guarde adentro de la chaqueta antes de escondernos. Me había pasado de los límites, nos habíamos alejado tanto de nuestros amigos solo por querer ganar. Sin embargo, Wolf no se quejó de que nos alejáramos demasiado si no que parecía dispuesto a ganar pero que descansáramos también un rato. Fui a reunirme con Wolf y hervimos el agua. Cuando se terminó de hervir, nos la tomamos rápidamente y se nos quitó la sed.

Sin embargo, nos moríamos de hambre y no traía la caña para pescar porque la deje en el campamento. Por suerte, Wolf armo una caña de pescar con una rama y una cuerda rota que estaba ahí en la cueva. Me preguntó de donde habrá salido, si la habrán dejado antiguos exploradores o si se la llevo el viento. Wolf buscó entre los arbustos y encontró puffitos silvestres para usarlos como carnada. Eso quería decir que tal vez había puffles salvajes cerca, pero no nos preocupábamos por eso.

Nos sentamos en el río y esperamos a que algún pez intentara llevarse el puffito de carnada.

-Oye Recla ¿y si no los encontramos? –me pregunta Wolf preocupado. Veo mi propio miedo reflejado en sus ojos, pero aun así me lleno de valor y respondo con naturaleza:

-Los encontraremos, ya verás, seguramente este río es el mismo del campamento.

Wolf no se queda aun así tranquilo y pregunta:

-Pero ¿y si no?

-Entonces comeremos pescado todos los días de nuestra vida

Wolf suelta una risa nerviosa y la cuerda se mueve, por lo cual tiro de la rama y saco un pez lo suficientemente grande para los dos. Regresamos a la fogata y asamos el pescado mientras Wolf miraba el fuego con cara de triste, y me doy cuenta que he hecho un error muy grande en traerlo conmigo.

Es cierto que resistía las largas caminatas pero no estaba acostumbrado a vivir de esa manera. Yo sí porque en noviembre del 2012 tuve que ir al Bosque a recolectar frutos y pescar para ayudar a los enfermos y a los muertos de hambre por el frío.

-¿Me dejarías para salvarte? –me pregunta Wolf.

Lo miro porque no entiendo su pregunta. Él sabe que no lo abandonare en medio del Bosque pero aun así me lo pregunta como si se tratará de otra cosa ¿pero qué cosa?

-¿A qué te refieres? –le pregunto desconcertado

-A que si solo uno de los dos puede vivir ¿me salvarías o te salvarías a ti mismo?

Miro la fogata y pienso en ello mientras Wolf come un poco del pescado y me lo pasa a mí. Salvarlo a él o a mí ¿qué elijo? Entonces recuerdo que hace dos años perdí a mi mejor amigo cuando fuimos a pescar por el frío ¿se refiere a lo mismo? ¿qué si tuviera que elegir entre salvar la comida y a él, lo elegiría a él? No respondo y digo que quiero dormirme. Sin embargo, no puedo porque me acosan los recuerdos de ese incidente horrible que no quiero recordar y que puede volver a pasar a Wolf y a los demás. ¡Y a los demás! Entonces me doy cuenta que aunque me salvara la vida, quedaría con la conciencia de la muerte de mis amigos y no viviría tranquilo nunca más. En cambio, si ellos viven…

Oigo como Wolf se acuesta un poco más allá y se queda dormido. Pero al cabo de quince minutos, se despierta lleno de gritos como si hubiera visto la muerte de alguien. Se vuelve a dormir aunque temblando de miedo.

Ya comenzó el alba y todavía no me lograba dormir cuando oí romperse una rama y me levantó rápidamente. Wolf seguía dormido así que no convenía levantarlo, además quizá era solo un puffle salvaje.

Voy al origen del ruido, y veo la huella de un pingüino pero no veo a nadie. Tal vez nos había encontrado Sergi y solo era otra forma de asustarnos. Sin embargo, se me ponen los pelos de punta. Veo una sombra dirigirse hacia otra cueva pero más grande y más siniestra. Me acercó lentamente y procurando no hacer ruido pero no logro identificar la silueta.

El pingüino entra a la cueva pero no vuelve a salir así que decido volver con Wolf y que los dos ya juntos viéramos esto. Lo despierto y le cuento lo de la silueta, lo que hace que levante los párpados.

Lo llevó hasta la cueva y nos acercamos lentamente. Cuando estamos en la entrada, me doy cuenta de algo: este no es lugar para pingüinos.

2- En la oscuridadEditar

Doy un paso y veo lo que en realidad es la figura de la cueva: una especie de guarida con muchos pisos y muchas entradas como si fuera un nido de insectos que vuelan. Wolf retrocede un poco, pero lo miro con aire de valor para animarlo a entrar, aunque en realidad yo tampoco me animaba a entrar.

Nos adentramos en la cueva hasta el punto que ya la luz de la entrada no se veía, la oscuridad era total. Apenas veíamos nuestras sombras así que nos agarrábamos de las aletas para saber que seguíamos juntos y no nos separaríamos hasta salir de ahí. Seguimos caminando cuando siento algo en el bolsillo y recuerdo de algo que me traje de mi iglú.

-Oye Wolf, mira –le digo sacando una caja de cerillos de mi bolsillo de la chaqueta y encendiendo un cerillo.

-Uff, creí que nunca encontraríamos la salida sin luz –me dice aliviado-. Hubieras sacado la caja desde el principio.

-No me acordaba que la traía –dándole otro cerillo encendido para que también él tenga uno.

-Gracias –lo acepta Wolf.

Caminamos por lo menos una hora cuando nos golpeamos contra una pared sólida que se interponía en nuestro camino.

-¿A esto nos has traído? –se queja Wolf-. ¿A un callejón sin salida?

-No puede ser todo, ya hubiéramos visto al pingüino que vi entrando a la cueva –le respondo, examinando la pared.

-Capaz de que solo fue una imaginación tuya por una falta de sueño –sugiere Wolf-. O tal vez te preocupaste demasiado por no encontrar a Rosa y a los demás que ilusionaste ver una sombra.

-No, sé que vi una silueta –replicó, siguiendo examinando la pared.

Hay algo que no encaja ¿una silueta entra y desaparece dentro? No es probable, seguro está detrás de la pared de piedra ¿pero cómo? Empiezo a examinar las paredes de a lado pero no encuentro nada extraño, así que empiezo a buscar en el suelo algo que delate de que como paso el pingüino pero nada había. A continuación busco en las piedras que hay y por fin lo encuentro cuando una piedra no se puede levantar. La examino detenidamente y veo que se puede abrir. Levanto la cubierta y veo un teclado con varias letras como si fuera una contraseña.

Genial, ahora adivinar una contraseña que tal vez nunca sepamos. Wolf se acerca a ver lo que hago y presiona algo en el suelo que hace que surja en el centro una llave y al lado un papel roto en varios pedazos.

Wolf examina la llave mientras que yo trato de ordenar los pedazos del papel cuando encuentro la palabra de la contraseña que es: traición.

No sé qué quiere decir eso pero rápidamente vuelvo al teclado para poner la contraseña. Aparece << Contraseña aceptada >> y se oye como si fuera un temblor porque el suelo se empieza a agitar.

Wolf grita pidiendo ayuda pero yo sé que no es un temblor, que la pared que nos bloquea el paso ha desaparecido. El suelo deja de agitarse y enciendo otro cerillo porque se apagó el que traía en la aleta.

Wolf no parece dispuesto en continuar porque estaba temblando de miedo. Me acercó a él para darle algunas palmadas en la espalda de consuelo y animó pero parece que quiere gritar muy fuerte.

-No pasa nada –le digo con tono dulce-. Ya estamos aquí, no pasará nada.

-Sí, está bien –responde Wolf con voz entrecortada.

Nos ponemos en marcha cuando Wolf tropieza con algo y suelta un grito ahogado. Yo voy rápidamente a ayudarlo cuando veo que tiene lleno de sangre su pata, se ha raspado en el suelo. No podemos continuar así con él herido y en plena oscuridad con una única fuente de luz que tarde o temprano se apagará. Veo con lo que se ha tropezado y veo varias cajas apiñadas en grupo y entiendo entonces donde estamos.

-Bodega –digo, examinando alrededor.

-¿Qué dices? –pregunta Wolf, entre lágrimas.

-Estamos en una bodega –respondo, acercándome a una pared y veo un interruptor de luz. Lo enciendo, y veo lo que confirma lo que digo: miles de cajas apiñadas en grupos, algunas con mantas blancas, otras al descubierto. Al fondo del pasillo veo lo que parece ser una puerta.

Wolf suelta otro grito ahogado, y voy rápidamente a reunir mantas y atarlas alrededor de la pata de Wolf. No es exactamente una venda, pero servirá de algo. Ayudo a Wolf a levantarse y lo siento en una parte que nadie lo vería.

-Tengo que continuar y averiguar qué es esto –le digo agarrándole su hombro-. Si viene alguien no te muevas, si se acercan a ti escóndete silenciosamente. Volveré en quince minutos.

-¿Lo prometes? –me dice, sudando del dolor-. No quiero morir de hambre con una herida.

-Lo prometo –y le doy un abrazo de despedida. Voy al interruptor de luz para apagar las luces y enciendo un cerillo.

Camino hacia el final del pasillo que hay entre las cajas y llego a la puerta. Tenía el picaporte en forma de V rodeado en un círculo rojo. Abro la puerta y veo unas escaleras que llevan a más abajo. Cierro la puerta detrás de mí, y bajo las escaleras hasta llegar a un rellano con una puerta. La abro y veo lo que parece otra bodega. Sigo bajando hasta que llego a otro rellano, abro la puerta y veo tanques de agua con varios pingüinos inconscientes dentro de ellos. Esto no ésta bien. Será mejor que vuelva a donde esta Wolf y largarnos de aquí. Sin embargo, no lo hago.

En vez de eso, me pongo a examinar la sala y veo varias computadoras en un escritorio al otro lado de la sala de los tanques. Llego a la computadora y veo los archivos que tiene y veo algo que me asusta mucho: una lista de miles de pingüinos que están probando con varios experimentos. Estoy a punto de levantarme y salir corriendo, pero cambio de idea porque no puedo dejar a estos pingüinos solos. Trato de buscar la manera de liberarlos cuando veo un programa con la forma de V que vi en la puerta de la escalera. Accedo al programa y veo que se necesita un usuario con contraseña.

Lo que hago entonces es inmediato. Empiezo a buscar entre el escritorio algo que me ayude con esto y veo una foto de un pingüino enmascarado con el nombre de Vialotte bajo el título de líder. Escribo el nombre de usuario y la contraseña que sé que será la misma que la de la pared de piedra. Busco además entre los archivos algo que delate lo que hacen estos criminales con los pingüinos. Sin embargo, no hay nada que los delate cuando siento como si un huevo se estrellara en la cabeza y caigo inconsciente sobre la mesa.

Cuando despierto estoy en una habitación oscura con solo un pingüino: Vialotte. Surge en mi interior un miedo horrible y empiezo a gritar como loco que alguien me ayude cuando sé qué nadie me escucha. Trato de mover mis aletas cuando me doy cuenta de que estoy atado.

-Gritar no te servirá de nada –dice Vialotte. Tiene una voz fría y seria como la de un maestro estricto.

-¿Qué quiere de mí? No he visto nada, se lo prometo pero libéreme por favor –le digo con tono suplicante.

-No creo que se pueda –responde acercándose a mí-. No hasta que me digas como llegaste aquí.

-Solo vi una sombra y la seguí porque estaba perdido en el Bosque –respondo entre lágrimas. No quiero poner en peligro a Wolf-. Por favor, libéreme.

-Así que estabas en el Bosque y te perdiste –dice sacando un cuchillo de su cinturón. Me corta las cuerdas pero antes de que pueda escapar, me hace un profundo corte en la aleta. Suelto un grito desgarrador-. Me dirás como llegaste aquí o te matare ¿entendiste?

-Ya le dije…

-No soy bobo –dice Vialotte haciéndome otro corte-. Di la verdad ¡¿cómo llegaste aquí?!

-¡Aaah!...Es la verdad ¡por favor basta! –me vuelve a enterrar el cuchillo y limpia la sangre en mi cara.

-Me puedo pasar aquí todo el día si quieres ¡di la verdad! –grita, y me entierra otra vez el cuchillo.

Al final me desmayó del dolor y aparece la misma habitación pero esta vez con una pantalla de televisión mientras que yo estoy atado a una silla. Sé de qué se trata, y aparece Vialotte para prender la televisión en la que están Nicolap y Mateo siendo torturados. Grito con todas mis fuerzas pero Vialotte se ríe maniáticamente como si mi sufrimiento le hiciera gracia.

-Podemos parar si dices como llegaste aquí –dice Vialotte tomando un control de televisión.

-Ya le dije que solo seguí la silueta de un pingüino –pero no lo cree y sube más el volumen y se va de la sala riendo entre dientes no sin antes decir que si quería que parara tenía que decir la verdad. Pero no lo haré, tengo que salvar a Wolf.

Siguen torturando a Mateo y Nicolap durante otra hora y es cuando caen desmayados del dolor. Sin embargo, continúan las torturas durante otra hora cuando Vialotte creyó que ya era suficiente por hoy.

Un pingüino aparece y me da de comer y beber. Tenía una chaqueta negra con el símbolo de Vialotte en un hombro. Después de comer, me llevan a una celda donde tienen custodiándome dos guardias aunque no vale la pena que los pongan porque estoy atado.

Trato de convencerme que es una horrible pesadilla pero no puedo, y cuando trato de dormirme me despiertan pesadillas en las que están torturados Nicolap y Mateo, y a veces Wolf.

Me dan de comer y me vuelven a llevar a la misma sala de interrogatorios con Vialotte que está revisando unos papeles. Miro asustado a Vialotte temiendo que haga otro método de tortura.

-Al parecer no vas a hablar –dice paseándose entre la habitación.

-Ya le dije que estoy diciendo la verdad –respondo lleno de miedo.

-Entonces ¿por qué tus amigos dicen que saliste a jugar las escondidas y nunca volviste según tengo entendido con otro pingüino?

-Si pero me perdí cuando me escondí

-No soy bobo, sabías que había algo aquí escondido y viniste a examinarlo –dice encendiendo la tele y poniendo un canal de video.

-No, se lo juro

-No te creo –se aparta de la pantalla y veo que están Rosa y Alexix siendo torturados ahogándolos en agua.

-¡NOOO! ¡Déjelos! –gritó sin fuerzas.

-Pues di la verdad, di como llegaste aquí y porque

-¡Ya le dije todo! ¡Déjelos! ¡Por favor!

-Si no vas a decir la verdad, tal vez él te convenza –dice Vialotte, cambiando de canal. Se aparta y entonces lo veo: atado a un poste, esta él lleno de sangre y desmayado recibiendo latigazos por doquier, salpicándolo todo de sangre. Wolf está siendo torturado.

3- El rescateEditar

Empecé a gritar como loco. Yo que creía que estaba protegiendo a Wolf, resulta que es justo lo contrario. Vialotte se empieza a reír maniáticamente cuando se oye un estruendo justo arriba de nosotros. Vialotte sale rápidamente y cierra la puerta tras él con llave porque oyó un chasquido. Veo en la televisión que también los pingüinos que estaban torturando a Wolf habían oído el estruendo porque dejan de darle latigazos y oigo como se cierra la puerta en la sala de tortura que esta Wolf.

Se oye otro estruendo, pero esta vez más fuerte y empieza a caer polvo del techo. Oigo gritos afuera acompañados de otro estruendo más. Y sé que haya fuera hay pingüinos peleando con los secuaces de Vialotte por lo cual empiezo a gritar como loco de que me ayuden. Se hace una explosión en la puerta, y salgo volando hacia la pared y recibo un golpe en la nuca. Veo hacia la puerta y veo que entran varios pingüinos con uniformes con la insignia de la EPF en el hombro. Y después de varios días, me encuentro seguro.

Había oído de ellos desde hace mucho tiempo, pero nunca había visto a ningún agente en acción, aunque creo que ningún pingüino lo ha hecho. Se supone que ellos idearon una resistencia en el 2012 para derrotar a Herbert, el Oso Polar con su plan de robarnos la luz solar para él solo. Sin embargo, lo derrotaron en los momentos más oscuros de la historia de Club Penguin pero hubo un precio: su oficina central fue destruida en la batalla y el edificio en el que se encontraba oculto también. La Estación Pingüi-Fónica ya fue reconstruida pero no sé nada sobre su oficina central.

Los agentes me desataron y me ayudaron a ponerme de pie. Están a punto de llevarme hacia lo que parecen las mismas escaleras que cuando entramos Wolf y yo cuando me suelto de ellos y les digo:

-Mis amigos

Ellos lo entienden y me asienten como diciendo: << Lo sabemos, iremos por ellos pero ahora lo importante es sacarte de aquí >>, me agarran del hombro y me suben por las escaleras hasta llegar a lo más alto. Sin embargo, no era la bodega en la que deje a Wolf cuando baje a explorar la guarida. ¿Estaremos muy por debajo de la tierra?

Varios pingüinos de Vialotte arrojan bolas de nieve con explosivos hacia nosotros, y actuó instantáneamente: atrapó una bola y la regresó hacia ellos mientras me lanzó hacia el otro lado con los agentes a mi lado. Se oye un ¡bum! Y aparece ante nosotros un baño de sangre: miles de pingüinos muertos llenos de sangre en sus caras.

Los agentes me llevan a un elevador y subimos más pisos, pero sabía que aún no habíamos llegado a la superficie, ni mucho menos. Se abrieron las puertas del elevador y nos estaban esperando más agentes con mis amigos y varios pingüinos de pruebas. Los reconocí enseguida porque tenían varios agujeros en su cuerpo y estaban sin ropa. Wolf también estaba ahí pero estaba inconsciente sobre una camilla con las heridas aún con sangre.

Voy directamente hacia mi viejo grupo de amigos y los abrazó con todas mis fuerzas porque sé que por mi culpa estamos aquí. Fue mi idea la que causo todo este tipo de desgracias para nosotros. Y ahora lo estoy pagando viendo su sufrimiento en sus ojos; sin embargo, no se sueltan y también ellos me abrazan.

-¿Están bien? –les preguntó, aunque sé que es una pregunta tonta porque sé que los han estado torturando desde hace varios días, pero al verlos sé que faltan dos.

-¿Sergi, Jinkazama, Hero y Fabito? –preguntó a los agentes que me trajeron.

-Ellos están a salvo en un lugar seguro, fueron ellos los que nos trajeron aquí –responde uno de los agentes tranquilizándome-. No te preocupes, los verás en el lugar que vamos.

De repente, varios agentes empiezan a traer heridos por las explosiones en camillas. Y siento que se me revuelve el estomagó, también los agentes de la EPF están sufriendo por mi culpa. Debo verme avergonzada porque el agente que me dijo lo de Sergi y Fabito me dice:

-No tienes la culpa de esto. Has hecho bien, nos has ayudado en una operación de alto secreto y has salvado a varios pingüinos.

Eso me consuela un poco, pero no del todo. Mateo me da palmadas en la espalda y de repente la sala en la que estoy desaparece. Me encuentro ahora sobre una piedra en la que el cielo esta nublado y veo campos de árboles devastados y a lo lejos veo Club Penguin en llamas.

Vuelvo a la sala con los agentes, y me derrumbó en el suelo. Me empieza a doler la cabeza y tengo ganas de vomitar. Los agentes corren a ayudarme junto a mis amigos. Me ponen en pie, pero me sigue doliendo la cabeza. La imagen parecía tan real, como si realmente estuviera ahí.

-¿Estas bien? –me pregunta Mateo, preocupado.

-Sí, solo estoy cansado –respondo, como si no hubiera pasado nada-. Solo estoy algo cansado y puse mal la pata.

-Ah, bueno –Mateo me mira de una forma que no me cree, y le devuelvo la mirada con una decía que no era el momento, que ya habría oportunidad de hablar después.

-¿Seguro que estas bien? –me pregunta un agente-. Podemos traerte una silla de ruedas, si quieres.

-No, estoy perfectamente bien, muchas gracias –Lo que menos necesitaba ahora es que me vieran débil.

Se oye un estruendo bajo nuestros pies, y oigo como algo fuerte choca hacia abajo. Y sé que es el elevador con el que subimos a este piso, seguramente los pingüinos de Vialotte no quieren que escapemos y lo que hicieron es destruir el elevador.

Pero al parecer la batalla ha terminado por donde subimos porque siguen llegando heridos y no oye ninguna explosión por nuestro lado. Al parecer, fuimos los últimos en salir de esa área.

Varios médicos llegan por unas escaleras y vienen a atender a los heridos, a Wolf y a nosotros. Dejo que me quiten la sangre y me alimenten pero no les dejo que me pongan algo para dormir, en parte porque tendré pesadillas y en parte porque quiero quedarme a proteger a mis amigos. Ellos también lo rechazan y nos quedamos al lado de Wolf observándolo como resistía las dolorosas inyecciones que le ponían. Un pingüino le puso algo para que se tranquilizara y le puso una capa de nieve para quitarle la sangre.

Seguían los estruendos pero cada vez menos, al igual que seguían llegando heridos y sujetos de pruebas. Pero al cabo de media hora, se oye un fuerte estruendo debajo de nosotros y empiezan a retemblar las paredes.

¡BUM! Una pared explotó, y pingüinos empiezan a lanzar bolas de nieve explosivas hacia nosotros. Los agentes rápidamente se llevan a los heridos y los agentes que me hicieron subir nos tumban al suelo y nos cubren con sus cuerpos para protegernos. ¡BUM! Salimos volando todos hacia una pared y veo al agente con el que me había hecho amigo lleno de sangre en la cara. Eso hace que me ponga de pie y empiece a devolver las bolas de nieve con explosivos hacia nuestros atacantes. Rosa y los demás empezaron a ayudarme también mientras que los agentes que quedaban se llevaban a los heridos. Al final, solo quedaban dos heridos cuando murieron todos los de Vialotte: Wolf y otro pingüino.

Los agentes nos condujeron a otras escaleras y nos hicieron subir más pero todavía no era la bodega por la que entramos Wolf y yo. Era una especie de sala de mando con pantallas donde había tropas en sus posiciones actuales. En medio de la sala había una mesa rodeada con sillas en las cuales estaban varios agentes de la EPF con computadoras haciendo algo que parece acceder a los sistemas de Vialotte mientras que otros agentes revisaban las computadoras y pantallas de la sala. Un pingüino rojo examinaba a los agentes que trataban de acceder a los sistemas con unos maletines-computadoras. Lo reconocí enseguida, no solo porque había salido en el Diario varias veces sino porque lo he visto en la Pizzería una vez hace casi un año. Tenía un Jet-Pack, un traje oscuro con corbata, unos lentes oscuros y un auricular en su lado izquierdo. Era Pingüino Jet-Pack.

Pingüino Jet-Pack era un agente táctico de la EPF y siempre era muy dedicado a su trabajo. Lo sé porque una vez Herbert reveló su secreto cuando dominaba la isla. Ahora mismo estaba muy serio, como cuando te acusan de algo que no hiciste. Los agentes nos llevaron hasta él, y este soltó un suspiro de alivio en cuanto nos vio.

-Ya era hora –dijo Pingüino Jet-Pack. Tenía una voz igual de seria que la de Vialotte pero no tan fría como la de él-. No creí que se tardaran mucho en traerlos. Sus amigos están desesperados –Me da unas palmadas en el hombro-. Nos has ayudado mucho este día.

-¿En serio? –preguntó sorprendido. No he ayudado para nada, agentes muertos, heridos y mis amigos torturados.

-Sí –responde dando una sonrisa forzada-. Has ayudado a encontrar una guarida de un criminal peligroso de la isla. Creo que ya debieron decírtelo, has salvado además a muchos pingüinos usados como conejillos de indias.

Se oye un estruendo arriba de nosotros y empieza a caer polvo del techo. Los agentes ponen caras preocupadas y los agentes con los maletines cierran todas las puertas de la sala de mando.

-¿Qué ha pasado? –pregunta Pingüino Jet-Pack a los agentes de la mesa-. Se suponía que ya habían acabado las batallas arriba de nosotros.

-Sí, jefe –responde un agente-. Pero acaban de llegar más enemigos con bolas de nieve explosivas. Creo que intentan acorralarnos aquí.

-Si es así –dice Pingüino Jet-Pack-. Ordenaremos la retirada, pasen toda la información a los archivos de alta seguridad de la EPF. Que no haya nada que no haya sido pasado a la EPF.

-¡Sí, señor! –responden todos los agentes, y se ponen a trabajar más deprisa.

-Bueno, si van a acorralarnos, les devolveremos el golpe –dijo Pingüino Jet-Pack paseándose en la habitación-. Construiremos una bomba aquí, en la sala de mando. No podemos permitir que continúen sus operaciones aquí.

-Pero, señor –empieza a decir un agente, tembloroso-. No nos han dado órdenes de explotar la base enemiga, señor.

-Lo hablare con el Director ahora mismo. Él es el único que nos puede dar autorización para esto. Por mientras, ustedes –nos señala con el dedo-. Tienen que decirnos todo lo que saben de almacenes y bodegas que hayan visto cuando entraron; es muy importante recuperar toda la tecnología robada al igual que los suministros que tienen los pingüinos de Vialotte. Así que si saben algo que debamos saber, este es el momento para decirlo.

-Buenooo… -empiezo a decir yo-. Hay dos bodegas cerca de la superficie.

-¿Dónde? –pregunta él, serio.

Le explico de cómo llegamos a la guarida, y las bodegas que encontré al dejar a Wolf solo. También le digo que más debajo de ahí hay más pingüinos de prueba en tanques de agua.

-¿Algo más? –pregunta Pingüino Jet-Pack, igual de serio.

-Sí –interviene Rosa-. Cuando nos atraparon a mí y a Alexix vi un almacén. Esta cerca del campamento que tenemos en el río, por la colina del este. Y creo que también vi una sala de experimentos cerca de ahí.

-Informare a los agentes de campo de inmediato –dice Pingüino Jet-Pack, encendiendo su auricular-. Ustedes por mientras tienen que salir de aquí, están en peligro mientras sigan aquí.

No protestamos, pero me gustaría ayudar también a los agentes. Si queremos escapar ¿no deberíamos también ayudar? Los agentes nos llevan a las escaleras y se oye otro estruendo pero más fuerte y empiezan a derrumbarse las escaleras.

-¡SUBAN RÁPIDO! –grita uno de los agentes. No hace falta decirlo porque todos empezamos a correr a pesar de todas las heridas que todavía tenían sangre.

Pero pronto nos dimos cuenta que las escaleras que teníamos delante también empezaron a derrumbarse por lo cual todos entramos a un rellano. Y pronto me di cuenta de que sala estaba. No solo por su olor y por la oscuridad que rodea con luces tintineantes, sino porque también ahí estaba el escritorio lleno de sangre. Era la sala donde me habían capturado.

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